17 julio, 2018 / En Noticias / Por antenna
17 julio, 2018
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Por antenna

Desafíos de una comunidad de amantes del arte

Esta comunidad y plataforma de proyectos comenzó con 50 socios y hoy ya son 250 los que pagan una membresía anual. Aquí, sus directores hablan de su origen y de sus próximos desafíos.

Revisa la nota que nos publicaron en El Mercurio (15/08/18)

 

Cruzar las puertas de un museo como nunca antes. Hacerlo con la certeza de que el artista estará allí, bien cerca, dispuesto a contar todo sobre su obra, sus procesos creativos, inspiraciones y batallas.

Eso es lo que ofrece Antenna, una fundación que nació en 2015 con el objetivo de reunir, a través de una sesión semanal, al arte chileno con nuevos públicos, y de generar, por esa vía, círculos de colaboración entre el sector empresarial, la gente y los creadores. Un vínculo necesario en la escena nacional, en la que -entre el Fondart y los aportes de privados- los recursos para proyectos jamás son suficientes.

Sus tres años de existencia demuestran que Antenna avanza a paso seguro. Ya son 3.800 personas las que han asistido a alguna de las 149 sesiones que Alfonso Díaz, Constanza Güell y Elisa Ibáñez -sus directores- han organizado en 90 espacios, con la participación de 120 creadores. Y si comenzaron con 50 socios, ahora ya son 250, mientras que en redes sociales los siguen 15.000 personas.

 

“Fundamos Antenna porque sentimos que el Estado no podía hacerlo todo en materia cultural, y que se debía generar un vínculo entre artistas y mundo privado. Así, vimos que en el ambiente había apetito por conectarse con el arte y que faltaba un brazo articulador. Nosotros somos eso, un mediador”, Alfonso Díaz.

 

 

“Pensamos, además, que para que un empresario apoye a un autor, debe conocerlo, y entonces se necesitaban contenidos amigables. También quisimos empoderar al público. Quizás una sola persona no va a financiar a un artista, pero ¿qué pasa si se juntan 20?”

 

En esa línea, Güell también remarca la generación de una plataforma abierta, transversal y colaborativa: “Eso permite que se formen nuevas confianzas y diálogos. En la escena del arte había muchas personas que ni se conocían. Antenna ha generado instancias para un encuentro”.

En estos tres años, que se celebraron ayer con una sesión de la fotógrafa Paz Errázuriz en el Museo de Bellas Artes, Antenna ha ejecutado también una línea de proyectos. Así, con apoyos de sus afiliados y de empresas, colaboraron, por ejemplo, con la exposición “En nuestra pequeña región de por acá”, que Voluspa Jarpa presentó en 2016 en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, y que en 2017 llegó a Matucana 100.

 

 

 

También han ayudado al Museo de la Solidaridad -gestionando vía crowdfunding los recursos para el proyecto “Mi barrio”– y al curador Rodolfo Andaur, con un programa de residencias. Y además publicaron, con de BTG Pactual, el primer gran libro monográfico del arquitecto Smiljan Radic.

 

Como a las actividades de Antenna acceden pocos (las membresías anuales cuestan $150 mil, $480 mil o $1,5 millones), uno de sus desafíos es crecer y generar instancias más abiertas, como visitas guiadas gratuitas. “Hicimos una en el Museo de Artes Visuales y lo hemos hablado con el Bellas Artes. La idea es tener brazos de extensión cada vez más democráticos. Otra cosa que buscamos es crear un fondo concursable privado”, afirma Díaz.

 

Un importante desafío de la fundación es “involucrar más fuerte a las empresas privadas en el desarrollo cultural y ampliar la red de filántropos. Hay mucho potencial”

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