3 diciembre, 2018 / En Noticias / Por antenna
3 diciembre, 2018
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Por antenna

Un chileno coleccionista de arte

Entrevista a nuestro socio fundador Ricardo Roa en la Revista Cosas.

Así, a secas presentan en los grandes círculos de arte a este médico de brillante carrera a nivel nacional e internacional. “Es curioso despojarse del título, aunque no ando de doctor por la vida”, dice riendo. Y nos cuenta de las fundaciones donde participa para “hacer este mundo un poco más humano y feliz a través de la belleza del arte”.

Dice que concuerda absolutamente con frase que un día le dijo su amiga Denise Ratinoff, en medio de una conversación en su casa, sobre la pasión por adquirir obras de arte: “No es lo mismo coleccionar que acumular”.

Lo suyo ha sido una pasión que lo ha acompañado desde muy joven, a la par con su amor por la medicina, que le ha hecho ocupar importantes cargos a nivel nacional e internacional en la especialidad de cirugía plástica, reparadora y de quemados.

La frase la recuerda el doctor Ricardo Roa a propósito de lo que es en verdad el coleccionismo. “Es una actitud de vida, más allá de la posibilidad de comprar una obra artística”, sostiene.

Haciendo historia, piensa que “quizás, antes de ser médico fui artista, conceptualmente hablando, ya que no me he dado los espacios para dedicarme a estudiar arte de modo formal”

Y partió comprando obras artísticas en ferias de arte, en exposiciones: “En un comienzo, lo hacía más por instinto, auqnue no fueran obras muy trascendentes o a veces sus autores desaparecieran en el tiempo. Algo más bien emocional.

“Después, durante muchos años de desarrollo profesional bastante fuerte, y por qué no decirlo exitoso también, seguía teniendo como asignatura pendiente el enfocarme más en el arte, lo que se fue dando naturalmente.

“Por razones de vida, de amistades, de gente que conocía empecé a involucrarme cada vez más en la escena de las artes visuales nacionales. Y así llegue a ser socio fundador de Antenna”.

-¿Qué es Antenna?

Es una fundación cuyo objetivo es acercar a la gente con las artes y a través del arte, dedicada a las artes visuales en Chile y que crea un vínculo entre el mundo del arte y de la sociedad.

-¿Y cómo lo hace?

Esta es una comunidad donde pagamos una membresía y tenemos actividades periódicas, con visitas privadas a los museos, conversaciones y visitas a los talleres de artistas. Promueve proyectos de artistas para potenciarlos e internacionalizarlos y en su directorio participan personas relevantes del mundo del arte, la estética y de la gestión cultural. Por mencionar un nombre, entre quienes trabajan con Antenna, destaca a Voluspa Jarpa, pintora y artista visual chilena con una de las mayores proyecciones internacionales en la actualidad.

-Son como modernos mecenas…

En cierto modo, sí. Dentro de los proyectos de Voluspa Jarpa, que pertenece a la generación de los `90, que ha expuesto su trabajo en numerosas muestras en Europa, América y Asia, estaba programado que fuera la primera chilena en llegar en 2016 al MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Por ciertas dificultades que hubo con la burocracia en el financiamiento de la exposición, nos juntamos seis personas de Antenna y patrocinamos la muestra individual de Voluspa, que tuvo un gran éxito de crítica, de prensa y un gran reconocimiento internacional.

Fue tanta la buena acogida, que luego de acompañar a la artista, el prestigioso museo lo invitó a participar en el Comité de Adquisiciones, siendo el primer “no argentino” que integra su equipo.

-¿Y qué implica este nuevo cargo?

Viajar a Buenos Aires cada cierto tiempo. Y participar en las actividades del comité. Los museos son organizaciones vivas y, por lo tanto, deben ir incorporando nuevos nombres, artistas que hayan hecho un aporte al desarrollo de las artes o un cambio importante en las visiones artísticas. En el MALBA hay varios chilenos ya incluidos, como Voluspa Jarpa; Paz Errázuriz, nuestra última Premio Nacional de Artes Pláticas, y Alfredo Jaar, entre otros. Este comité se encarga de buscar los aportes económicos y, además, definir -con el apoyo de los curadores y expertos del museo- quiénes son los nombres y las obras que debieran ser parte de la colección permanente del Museo, de acuerda a su línea curatorial.

UN MUNDO ESPECIAL

-¿Hay mucho talento nuevo en Latinoamérica?

Hay mucho talento y creatividad en Latinoamérica y en Chile. Falta internacionalización y mayor difusión, pero avanzamos gracias a la globalización, al esfuerzo de muchos gestores culturales, asociaciones de galeristas que han invertido en potenciar a artistas jóvenes que hoy están muy presentes en ferias de arte, bienales y concursos, principalmente en América Latina, pero también en Nueva York, Los Ángeles y otros lugares como Suiza, Estambul y Hong Kong. Es en estos espacios donde se convocan artistas, público, coleccionistas, galeristas, en una comunidad con mucha camaradería durante los días que duran los eventos.

-¿Y cómo definiría a la gente del mundo del arte?

¡Rara! (Ríe de buena gana, con su habitual buen humor). Quiero decir con sensibilidades especiales. Para mí ha sido toda una experiencia nueva. Partir desde la medicina, donde he logrado posiciones de reconocimiento internacional a través de asociaciones científicas y cargos docentes y académicos, y llegar a este mundo en que me presentan como “Ricardo Roa, chileno, coleccionista de arte”. A secas. Estoy acostumbrado a que me digan doctor…¡Aunque no voy con el título de doctor por la vida! (ríe). La profesión médica es tremendamente marcadora en lo social, en las formas, pero ha sido curioso y gratificante enfrentarme a esta realidad desde una mirada distinta.

-¿Ser coleccionista de arte no deja de ser elitista también?

¡No necesariamente! El coleccionismo, reitero, es una actitud de vida, requiere estudio, orden conocimiento, más allá de los conceptos o gustos estéticos y la posibilidad económica de adquirir cosas. En mis comienzos compraba de corazón puro, sin mucha unidad entre sí, no seguía una línea curatorial concreta. No me enfocaba en un período, corriente o región geográfica definidos. Al evolucionar me incliné por artistas chilenos contemporáneos, aunque atesoro obras de maestros latinoamericanos, como Wilfredo Lam, Joaquín Torres García, Carlos Cruz Díaz, entre otros. Más algunos nombres universales como Dalí o Miró. Todo este proceso, que camina en paralelo al desarrollo permanente y constante de mi vida profesional, significa una participación creciente en varias fundaciones de artes visuales.

-¿Cuáles son esas otras fundaciones?

Soy socio benefactor del Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts, con sede en Washington y que acá lidera muy exitosamente Drina Rendic. Fundación que promueve y difunde a las mujeres, tanto en las artes pláticas, como en la música y la literatura. Sin dejar de lado mi labor como fundador y miembro del directorio de la Fundación Verónica Villarroel, gran amiga también. Ahí nuestra tarea es ayudar al progreso artístico e internacionalización de talentos jóvenes chilenos del canto lírico, que gracias al aporte de la fundación han podido avanzar en sus carreras y estudiar en academias de música de nivel mundial, en Nueva York.

-¿Lograr financiamiento para el arte sigue siendo complejo en Chile?

Es complejo, siempre hay mucho más talento que dinero, sin embargo, con ideas creativas, con trabajo en equipo, esfuerzo y corazón hemos logrado sensibilizar más a la población con el mensaje.

-¿Cuál es este mensaje?

Que el arte no es elitista. Que la cultura debe estar al alcance de todos. Que la belleza nos une y hace una sociedad mucho más feliz, más tolerante y diversa.

-¿Y qué pasa con las políticas culturales de Chile?

Han sido erráticas, la cultura no ha estado presente en la primera línea con la fuerza que debiera estar. Los gobiernos, cualquiera sean, aunque tengan buenas intenciones, están llenos de burocracia, lo cual dificulta que los aportes lleguen a quienes lo necesitan. Y las personas que han sido nombradas para ejercer cargos de relevancia en esta área, muchas veces no cuentan con la sensibilidad y el conocimiento necesarios o desconocen la realidad nacional. En ese sentido, en Chile ha faltado reconocimiento a nuestros propios expertos, profesionales del arte, artistas, gestores, curadores, entre otros, que son de gran calidad pero que no siempre han estado en la mente de quienes designan a estas autoridades.

SIEMPRE RODEADO DE ARTE

Otro dato interesante y que a juicio del doctor Ricardo Roa lo tiene “predestinado” a mantener conexión constante con el arte es el ejercicio médico por más de dos décadas en el Hospital del Trabajador de Santiago, donde es el jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados.

“Nuestro hospital posee la colección de arte chileno moderno y contemporáneo más grande de Chile. Cuenta con obras de arte, entre pinturas y esculturas, de maestros como Castillo, Balmes, Toral, Roser Bru y de la generación de los `80 como Samy Benmayor. Su colección incluye uno de los pocos murales que se conservan en el país de la Brigada Ramona Parra y que fue seleccionado por la ACHS en 1972 para decorar el hall de entrada del Hospital.

Sin duda, un placer que disfruta cada día que recorre sus pasillos y le hacen más grato cumplir con su apretada agenda médica, que además incluye ser presidente de la Federación Ibero-Latinoamericana de Quemaduras, ser encargado de docente para los residentes en cirugía plástica que se forman en la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica que tienen a este hospital como uno de sus centros formadores, aparte de ser miembro del comité editorial de varias revistas internacionales de su especialidad.

-Más de alguna vez has dicho que quisiera un día de 72 horas para contar con más tiempo para hacer cosas…

¡Ah sí!, pero siempre hay tiempo, para hacer algo más, hasta para descansar un poco.

-¿Y cuándo descansa?

Lo he dicho más de alguna vez. ¡En los aviones!… y no es broma, porque allí no puedo contestar mails, no veo WhatsApp, no contesto llamados telefónicos. ¡Descanso feliz!

 

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