HOMENAJE A SERGIO CASTILLO

¿Cómo transformar el duro, rudo y tosco metal en algo dócil, maleable y elegante? Una de las respuestas se encuentra en el legado del escultor chileno Sergio Castillo, quien empezó tardíamente su carrera como artista, realizando su primera obra a la edad de 32 años en 1957, y que sin esperarlo, aquella primeriza escultura nos recibió a las afueras del departamento que compartió con su mujer y actual viuda, Silvia Westermann.

Obseso, trabajólico y con una gran capacidad de producción de obra, el emblemático escultor chileno descubrió la soldadura y el fierro para no dejarlos más. Así, con un relato cercano que nos rodeó e invito a la intimidad del departamento Castillo-Westermann, escuchamos historias que acompañan el sinfín de pequeñas y medianas esculturas, resguardadas como los tesoros más significativos de su obra y el amor que compartieron, y que además, explicaban -a través de los volúmenes metálicos- la extraordinaria mente y técnica de este escultor que jamás dibujó, y que incluso, hasta el año de su muerte (2010) no paró de trabajar ni producir obras con su insistente y amado metal.

Dirección: Departamento Silvia Westermann.

Registro fotográfico: Cristián Aninat